están por todas partes…

17 Oct

Dos años sin escribir como Isabel la Caótica son muchos. Demasiados. Pido perdón y prometo no volver a dejarla atrás. Siempre me gustó su forma de ver las cosas y su pasión casi enfermiza por encontrar en el mundo de la ficción pequeños guiños a su vida real…

Estos días acaba de estrenarse la tercera temporada de The Walking Dead. Sangre a rabiar, zombies con medio cerebro fuera, un mundo en el que ya no queda ni el recuerdo de lo que fue… Posiblemente nunca nada tuvo tan pocos puntos a su favor para mí. De hecho, creo que si su protagonista no me hubiese enamorado (como a todas) años atrás en Love Actually en una de las escenas más romanticas del cine actual, nunca me habría decidido a verla. Pero como los principios están para romperlos, vapulearlos, ponerlos patas arribas y decidir cambiarlos, necesité apenas 15 minutos del primer capítulo para saber que estaba ante una de las grandes obras maestras de la televisión. ¿Lo bueno? Que a pesar de la sangre, que es mucha, mis lunes son ahora un poco menos duros al comprobar que Rick y compañía sobreviven, o al menos lo están intentado, y eso que a su alrededor todo se desmorona…

Nos ha tocado un presente de mierda, y se está cebando con saña con mi generación. Que si becarios eternos, que si salarios que te obligan a compartir piso pasados los 40, que si ERE que ERE… A veces hasta envidio a los protagonistas de The Walking Dead porque al menos ellos han encontrado una fuente inagotable de gasolina gratis y no tienen que aguantar las payasadas que sueltan algunos políticos ni pagar un puñetero 21% de IVA cada vez que van al cine o a un concierto. Ahora mismo se me acumulan despropósitos; se ve que las buenas intenciones no llegan a ningún lado. Siento que soy algo así como una superviviente en mitad de una hecatombe llena de zombies. Lo desastroso de todo esto es que los caminos se llenan de obstáculos y una ya no sabe distinguir cuál de ellos estará menos infectado. Al final no tenemos el futuro que habíamos soñado, ni tan siquiera el que nos merecemos; y aunque ahora se supone que el ciclo tiene que ir sí o sí hacia arriba, no pienso sacar el destornillador del bolso ni dejar de mirar el retrovisor. Niñas, niños, los zombies están por todas partes.

Cierro este post con Groenlandia, la canción de los Zombies que tantas veces he bailado. Hace poco nos dejó Bernardo Bonezzi, pero su música nos seguirá acompañando ahora y en el Apocalipsis.

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